# Constelación vacía

 

 Femme a la blonde aisselle coiffant sa chevelure a la lueur des etoiles from Miro Constellations

 

EL ESPECTÁCULO COMUNAL

Dos benedictos cohabitando la misma esfera, levantan sus cabezas y proyectan sus miradas sobre el espacio exterior. El espectáculo que les es entregado a la brevedad de sus vidas tiene más la apariencia de un acontecimiento eterno y estático que por su misma gravedad arranca sendas preguntas: ¿qué miro delante de mi?,¿seré observado?

Es este el principio de una idea que se forma en la mente de cada uno. Sus cabezas inauditas se extravían alrededor de una imagen tan distante y a la vez abrumadora, que los globos de sus ojos orbitan en distintas direcciones.

Al fondo de sus miradas, las estrellas les ofrecen, de modo silenciosamente vivo, verdades fragmentadas sobre su origen biológico y metafísico en un lenguaje que ninguno conoce. A la distancia, cada estrella canta una elegía por la vida que ningún hombre vivirá y sin embargo, allí están, ellos dos… contemplándolas, entregándose. Buscan en cada una de ellas un orden geométrico para nombrarlas, para apropiarlas, reducirlas a una categoría que, sin saberlo, es indiferente a su naturaleza y para lo superior.

¿Dónde está cada uno de ellos? Sus cuerpos, uno frente al otro, comparten una pequeña porción de espacio dentro de la misma bóveda celeste, pero sus conciencias se proyectan sobre caminos diferentes. ¿Estamos frente a una idea o una imagen?

 

LOS SENDEROS

A) EL FRAGMENTO, LA INTERMITENCIA

Al primero de ellos, un benedicto que se dice un hombre del presente, se impone la imagen de una constelación, bien construida desde el fragmento pero sin la intención de ser completada. No hay en ella un más allá que trascienda su genealogía. La constelación es el resultado de un universo separado en conjuntos en los que el hombre persigue algún fin teleológico. No hay fuerza noética dispuesta a la empresa ontológica; las propiedades invariables de sus cuerpos son todavía desconocidas a su razón científica. El universo es solamente la idea caótica de una multitud fragmentaria que bajo una lógica atomista se disipa en lo singular. Su imagen, es por sí misma, una forma que nada contracorriente en la oleada cósmica, separando al hombre de su creador y exponiéndole al naufragio.

Así, el hombre es seducido por la imagen, arrastrado dentro de ella por la conformación nerviosa de una idea del progreso y del deseo fugaz de trascender al momento de su creación. En consecuencia, su entrega al mundo es producto de una individualidad efímera, disipada. Su experiencia en el mundo es reducida a la superficialidad agnóstica, a la imagen de lo inmediato, a una helada cósmica. En su mente la constelación es sólamente la imagen de una idea que se disipa cada vez que intenta acariciarla. El hombre es solo un cuerpo, al igual que la constelación.
No hay en el ninguna escapatoria escatológica, las utopía no vive más.

B) LA UNIDAD, LO ETÉRO

El segundo abad, contempla el espectáculo cual celo inadvertido de una fiera insegura que resguarda el tesoro del pasado durante el sueño del amante. El hombre, abrumado por lo inconmensurable. ha preferido mirar al interior de la esfera celeste que le alberga. Este, no mira más al exterior, prefiere ser observado por una meta-idea sin imagen, acogiendose al último refugio inmunológico de una Teología contada por los arcanos.

Se entrega, sin cuestionar la idea de una divinidad trascendente, a la empresa metafísica del ser.
En su órbita celestial, el universo es un producto secundario, un medio habitacional, una maquinaria al servicio de un creador curioso y escurridizo. La idea de la constelación es sólo el rostro de una meta-imagen que esconde alguna verdad ontológica y topológica resguardada en algún lugar impenetrable. En su mente, la constelación es una proyección de la experiencia del hombre en un mundo que le es ajeno. Una idea indestructible pero que en su interior resguarda la imagen de una frágil universalidad humana.

No hay nada más allá de la unidad de Dios y de su relación con el hombre. Su experiencia se traduce a una intimidad excluyente del resto de los mundos, de los sistemas lógicos y de las formas que todo universo contiene; idea que por sí misma empequeñece la naturaleza del hombre al deseo de ser amado, de existir fuera de la comuna humana y de trascender su fugaz existencia. Vive este contenido en la idea de la potencia histórica de una imagen meta-política de un mundo caliente y azaroso.

Escatológicamente, el hombre se piensa la imagen de una idea sin imagen al igual que la constelación desde la cual construye una última realidad utópica.

X) EL HUÉSPED INESPERADO, LA VACUIDAD ANIMADA.

Delante de estos hombres un pequeño niño, que renunció a crecer, tendido a gozo sobre el pasto, con los brazos y las piernas extendidas, sin conocer el lenguaje de los hombres eruditos, penetra el cosmos. Se acoge al refugio inmunológico de una vacuidad que lo alberga todo. Su esperanza en el mundo imaginal proyecta la viva idea de un juego inagotable en el que el participe libera su potencia artística en solidaridad con el cosmos.

Ante el espectáculo cosmológico, su conciencia se entrega a la pluralidad como si todo lo supiera sin conocer nada. Embebido por el deseo, se aventura con el corazón en la lejanía de esos extraños pueblos celestes que se presencian mutuamente. El niño que observa, al mismo tiempo en que se sabe observado, es movido por la curiosidad. Imagina los mundos que tiene delante de sí, sabiéndose parte de ellos, con su pensamiento los traspasa uno a otro en sucesión alegre y les conquista, como una pelota que rebota de un lado a otro, de modo incontrolable y sin poder ser atrapada.

Para el infante, la constelación es parte de una ontología animada en la que se incluye. Seres-animales-naturaleza-cuerpos celestiales-constelaciones-mundos-pluriversos; todos forman parte de una idea viva y flexible dotada de imágenes plurales desde las cuales el universo se presenta como un medio de expansión anímica. Para él, la idea y su lenguaje están siempre abiertos al campo de la experiencia como un producto de la ilusión. De la utopía que se modela desde la imagen de la idea y que en su práctica se invierte en la idea de la imagen.

Pero esto lo sabe el niño por que sólo el sabe que pensar es traspasar.

EXCURSO PICTÓRICO SOBRE EL MÉTODO: ¿CÓMO PENSAR LA CONSTELACIÓN VACÍA?

La idea-imagen del infante explorador es una idea adecuada para entender la labor del filósofo en el campo cognitivo, como una actividad que se diseña a partir del problema de la representación, desde una realidad que no puede ser reducida, ni contemplada en su totalidad.

Observar la realidad significa vivirla a partir de una psicología alquímica: manifestar el ser abierto con la imaginación y la intuición inicial desde las cuales el deseo y la razón son la vez influenciados por otras causas, cuerpos y atributos exteriores. Esto forma un universo de correspondencias inter-subjetivas e inter-objetivas.

En este ejercicio, el lenguaje se constituye como un medio para vivir al mundo partiendo del pensamiento imaginal. ¿Cómo representar la realidad? La posibilidad de realizar el deseo del explorador es lo que se constituye, en cierto sentido teleológico, como el fin de los medios; pero no en un sentido completo, en tanto que no hay lugar para el determinismo y la universalidad, ni en la idea, ni en el lenguaje. La animosidad del hombre se expande y se proyecta flexiblemente a partir de un conjunto de preguntas genealógicas,ontológicas, topológicas y escatológicas; desde éstas, el hombre, a diferencia de los dos modelos anteriores que codifican la historia, el hombre se descodifica a sí mismo. El futuro habita en el presente y el pasado en el futuro.

Los instrumentos de observación de los que se vale el infante, no son simples mecanismos didácticos para la verificación, como si lo son desde las perspectivas filosóficas y la razón científica; son medios de proyección que trascienden las categorías del hombre y se expanden sobre la idea-imaginal en la búsqueda de la verdad. Hay en este mecanismo un sentido metafísico inseparable al que la razón y la lógica no pueden penetrar. Walter Benjamin lo simplifica de manera contundente: “Esto significa que estos posen cierta cualidad esotérica que no puede descartarse, está prohibido negarlos.”1 Mirar al cosmos, a la constelación es abrazar una idea pre-existente.En consecuencia, la imaginación hace de la idea un pensamiento en acción y que requiere de la perspicacia del ejecutor. En este sentido pensar es traspasar.

El método de la contemplación del niño es la digresión del fenómeno.2 En cada exhalación, le vive, le penetra del mismo modo en que con cada inhalación se detiene a contemplar los mundos que habita. Entre más significante es el objeto, la distancia para su reflexión incrementa, entre más pequeño, se acerca para abrazarlo. La realidad no es interrumpida por el observador, pero puede participar en el juego y retraerse para contemplar la belleza que hay en él y acariciar la verdad.

Explorar la realidad constituye una labor que requiere reconocer lo dispar y lo diferente como el material desde el cual se teje el pensamiento imaginal, lo filosófico. En estas cualidades tenemos “el testimonio más poderoso para la fuerza trascendental de la imagen sagrada y la verdad por sí misma.” 3
La realidad es para el niño solo un mosaico. La idea se vive, se reproduce y se recrea a partir del fragmento. Su valor es mayor en tanto menor sea su relación con la idea subyacente. Aquí radica el verdadero valor de la representación de la realidad. El niño sabe que para acariciar el contenido de la verdad se requiere de su imersión en los más minuciosos detalles. Sabe de antemano que todo conocimiento es posesión y que la verdad no está en el objeto de conocimiento sino en algo que le trasciende, que no hay verdades absolutas. Al menos para el hombre. La verdad no se posé. El conocimiento está abierto a la pregunta, la verdad no. Las ideas son solamente parte de una interpretación inter-subjetiva del fenómeno, un arreglo virtual en el que las ideas no están representadas por sí misma, requieren de un espacio animado. 4

Es cierto que el infante entiende la verdad y la idea como los contenidos supremos de una metafísica platónica, pero sabe de antemano que la unidad no puede ser acariciada, ni apropiada a la pequeñez humana. Así, prefiere manifiestarse como un ser plural y pragmático, participe de un juego pictórico.
Las ideas siempre serán constelaciones sin tiempo y, los fenómenos los puntos desde los que se subdivide el espacio universal y que finalmente se conjuntan para formar un nuevo universo, una nueva realidad.

Xaus Kahal ®

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Notas:

Walter Benjamin, The Origin of German Tragic drama, Radical Thinkers, Verso Books, London-New York , 2009, pág. 27 ↩
Walter Bejnamin interpreta la idea del método como digresión, cuya principal característica es la ausencia de una estructura objetiva interrumpida. Cfr. Walter Benjamin, Op. Cit. pág. 28 ↩
Ídem. pág. 29 ↩
Ídem pág. 30 ↩

Imágen:  Joan Miró, Femme a la blonde aisselle coiffant sa chevelure a la lueur des etoiles de la colección Miro Constelaciones.

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