# Los amigos y el secreto

Carta a un noble amigo:

Algunos años ya sin vernos, más la familiaridad y la simpatía que me produces no desaparece. Estoy seguro de que eso es lo que identifica a los buenos amigos. Más aún, no estoy seguro de si alguien me tenga la misma estima, -lo cual me es indiferente, pero al menos estoy convencido de que tú para mi eres un gran amigo y quizá el más sincero que haya tenido. ¿No te hace esta cualidad el único? ¿Hay alguna verdad en ello? Aprecio tu sencillez y tu incomparable franqueza, tu disciplina y tu ingenio. Pero hay algo más. Después de todo, como dicen los italianos, los amigos estamos obligados a hacernos sentir niños de vez en cuando. No en vano Proust buscó la felicidad en esas delicias, en esa etapa de la vida de modo inagotable.

Aquí, mi regalo acompañado de un pequeño secreto: …Para mi sorpresa, el fragmento de vida que compartimos, al ras de una tabla blanca, charlando entre tesoros y alfabetos codificados, sobre pequeñas e insignificantes ideas que se revelan solas, sin ningún orden o propósito; no ha sido más que un pequeño juego. Éste, se práctica desde el origen de los tiempos. Y aunque evade ser nombrado, los arcanos lo llamaron anima mundi. En esta ludida actividad, los desolados siempre pierden y los amigos ganan. Mientras los unos se fastidian y desgastan, los segundos siempre ríen y recrean la vida una y otra vez hasta que el anima mundi se cansa y rebota hacia otro lado.

¿Pero quién juega este juego? Unos dicen que alguien balancea la pelotita, otros dicen que ésta aparece de la nada y se mueve sola. En cambio yo sé que la verdad está todos lados y en ningún lugar. La verdad está en otro lado, pero hay secretos que ni al mejor de los amigos, habría que revelar. Corre uno el riesgo de perder el misterio y la utilidad que le acompaña para seguir siendo un buen amigo.

Xaus Kahal®

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