# Cartas entre familia

Jacques_louis_david-la_mort_de_marat

 

Querido padre:

Desolado, sin amantes que me sulfuren en sus corazones, sin hijos que me atesoren en sus memorias, sin esperanza alguna que me aguarde; una vela enciende tu extinta presencia en mi imaginación. Incrustado como una esquirla de vida raquítica pero punzante, cohabitas en mi interior en contra de toda voluntad consciente. No me queda más que reconocer en ti, padre, la insuperable lealtad de tu compañía imaginaria que, por ingrata e injusta que me parezca, es el único remanente de humanidad. Ya no hay más mujer, hombre o niño en mi proximidad, ya no hay más presencia, todo es ausencia.

Así, padre mío, te escribo desde las penumbras de un viejo mundo que se consume en el enfrentamiento bélico entre las naciones y sus etnias. El racismo y la lucha de clase nos arrebatan toda dignidad, deshumanizan nuestro proyecto universal. Nosotros, los hombres sin presente y sin el deseo de un futuro mejor, somos el pasaje peatonal de una lucha ajena que avasalla todo a su paso por el dominio técnico-económico global, cuyos limites reales son la auto aniquilación de la especie humana y el ecosidio. Entre tanto llegamos a inobjetable destino, no hay más deseo, en mi ya agotada vida, que el reproche tardío a tu despreciable persona. Me has abandonado sin advertencia desde temprana edad y con inmadurez en un mundo iracundo que me ha arrebatado de toda posesión, de todo camino a la felicidad; ¿por qué?. Sin prodigios ni riquezas para sortear las más extremas dificultades que la guerra imprime sobre nosotros ignobeles gobernados, eternos hijos de la revolución: …ilusos, indefensos, ignorantes. Siempre sedientos de paz y de justicia no hemos hecho otra cosa más que la guerra para consumarla.
Al final, la imagen de un nuevo mundo se entrega a nosotros sin la idea del hombre; la especie humana renunció a vivir en este planeta. Solamente aquellos cuya fe existencial se desdobla de la des-angelada esfera material, encuentran el refugio de un mundo ulterior en una divinidad trascendente.
En cambio, yo, estoy circunspecto a abrazar mi dolosa realidad con agnosticismo. Soy un pobre un hombre sin la convicción más importante. El miedo me consume en indecisón. Todavía hoy en el último tiempo, en el último de mis días me divido: ¿abrigar o no la esperanza? El ser un hijo de Dios o renunciar a serlo. Seguramente, muy en el fondo lo he deseado, más nunca con la suficiente fuerza para lograrlo. Es más, en la brevedad de mi vida nunca he tenido tiempo para endurecer el cultivo de Dios en mi interior y sí el suficiente para sufrir y sobrevivir, y una vez más, sufrir y sobrevivir. Los acontecimientos críticos del contexto universal me han hecho vivir mi realidad como un viaje sin retorno, abordo de un tren bala sin freno de emergencia que se dirige al precipicio. La distancia para este impacto final es cada vez más corta. El día llegará mañana, como siempre lo ha sido desde que el hombre puso un pie fuera del jardín y se presumió como medio y destino de sí mismo. Es curioso, que incluso yo utilice estas metáforas de meta-invención humana por el lenguaje universal que provocan sabiendo que su profundidad nunca me ha sido revelada.
Ahora, la última vela está por consumirse. Ya no hay luz que ilumine lugar alguno en esta demolida habitación. Entristezco con solo pensar que esta diminuta celda auto-infligida alguna vez albergó la compañía de una familia, que sus basamentos fueron acariciados con simpatía por el juego alegre de algún niño. En algún tiempo santuario parisino dedicado al culto de la estética, es hoy un memorial a la crueldad humana…
Estruendosas bombas simbran sin cesar en la proximidad de un presente bizarro. Ya no le conozco, ausente, maquinal, inhumano. Su sonoridad marcial interna en mis sentidos una larga sinfonía angelical. Detrás del derrumbe es posible escuchar una elegía celestial por la vida que se extingue…una que siempre pensé mía y que nunca me perteneció.
La luz se consume y yo nunca tuve tiempo para creer. El katechon se ha roto…
Adios amado padre, yo te perdono.

29 de enero de 1945
Xaus Kahal

Querido hijo:

Mi ya muy denostada imagen paternal en ti, te piensa con amor.
Lamento mucho el dolor que tu invención en un mundo tan pequeño te inflige. Mucho me desalienta conocer el desenlace de tu trágica vida por una misiva tan distante, tanto en el tiempo como en la nobleza para con tu espíritu, pues en ella poco te conoces a ti mismo.
Siempre albergué mis más grande esperanza en ti como el nuevo Prometeo que llevaría el fuego a los hombres. Más aún, ahora veo que tu aliento temeroso apagó la antorcha de la ilusión desde muy temprana edad. No hubo más mujer o niño que te guardaran en sus recuerdos pues viviste siempre en un mundo de indiferencia para con tus semejantes. Tu desprecio por la vida se pagó con el olvido de los grandes hombres. Pensé que el abandono temprano te formaría como un hombre de temple autosuficiente de valores dignos, como un ser que correspondería la belleza con justicia y con un afecto inseparable a tu naturaleza -tanto interior como exterior; pero al final estuve siempre equivocado.
Sin tan sólo te hubieses atrevido a creer, habrías llegado hasta aquí, a este mundo de autosuficiencia donde ya no hay más guerras entre los hombres, donde todos los nobles deseos son consumados. Cegado desde muy temprana edad, tu ira, tu locura, tus miedos, nunca te permitieron ver la vida que se desdobla a tu alrededor: Esa exquisita ontología animada, de lo animal, lo humano, lo maquinal, lo artificial, lo divino…

Al final el futuro es siempre el principio de la esperanza…

P.D. Así concluyo mi respuesta. Mis captores maquinales me tienen cautivo en un campo de concentración. Solo durante 30 minutos al día se nos conecta a una máquina de la felicidad como pago por nuestra esclavitud. Los hombres somos solamente objetos de valor con algún fin industrial. La técnica por fin consumió al hombre. El capital tuvo su fin, y junto con él, el de la familia humana. Más yo te albergo en mi memoria y te vivo en mi corazón cada día de mi vida.

29 enero de 2078
Con amor
Tu canalla padre

FIN
Xaus Kahal®
Derechos Reservados
Imagen: Jacques-Louis David, Marat,1793

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