# Carta al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos

Aurélio de Figueiredo, Abdicación de Pedro I de Brasil, 1831

Aurélio de Figueiredo, Abdicación de Pedro I de Brasil, 1831

Honorable Ciudadano Enrique Peña Nieto

Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos

Existimos quienes todavía creemos que las epístolas son vehículos amorosos que permiten aventurar las ideas provenientes del exterior en la imaginación del intérprete, hasta el punto en que idea y fantasía se funden en un mismo acto de creación de ser, como aquello que constituye la esencia y función de la humanidad.

Como parte de esta actividad telequinética de la que mi conciencia es todavía exterior y ajena a la suya, me propongo mover a México, más no como parte de un slogan político, cuyo fin teleológico no escapa la dimensión de su fantasía política, sino como parte de un deseo mucho mayor para todos los mexicanos: el amor a nuestra patria. No como parte de un abanderamiento moral, sino como una respuesta ética a la valoración de la forma en como somos gobernados y como una respuesta escatológica a la genética del terror que asedia a la sociedad mexicana.

Como constancia de esta agonía le externo a usted, en su condición de Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, mi más intima consternación por la crisis de gubernamentalidad que atraviesa a las instituciones políticas en todos los niveles de la federación, remarquemos, sin precedente en la historia del México post-revolucionario. Francamente, me solidarizo con los reclamos de lucha de la sociedad mexicana como parte del repudio al modelo de impunidad que hemos permitido se construya en correlato al diseño de nuestras instituciones y al conjunto de reglas de esto que hoy define el juego del poder político mexicano.  Situación que, como bien sabrá, hoy impone la necesidad de corregir el curso democrático por medio de la dignificación de nuestra condición humana y de nuestra solidaridad ciudadana con las causas más justas.

El tema de los 43 desaparecidos, trasciende la esfera de la gubernamentalidad y se edifica como una temática de conciencia (histórica y colectiva), que en ninguna de las respuestas por parte del gobierno de la presente administración federal ha logrado identificar el fondo psíquico del síntoma subyacente, pero esa carta la reservaré para otra ocasión. Lo más preocupante, por ahora, está en el tipo de respuestas y de auto-afirmaciones por parte de su gabinete, las cuales se diseñan desde una doxa , diría Platónvulgar e ignorante”. En su hondura más intima, ninguna de las atípicas respuestas ofrecidas a la ciudadanía, logra dar cuenta de lo que verdaderamente esta situación representa en el imaginario colectivo nacional y mucho menos del pluriverso social y político que se articula dentro de esta problemática. Lamentablemente, la capacidad de sus arquitectos políticos está rebasada y mucho más lamentable, es que actúan ungidos en un superfluo cinismo  como si supieran lo que hacen, cuando en verdad en el tipo de respuestas que edifican no alcanzan a materializar ninguna solución, demostrando que creen que saben lo que hacen, pero su resultado les contradice. Pero el motivo de esta misiva no es caer en ningún tipo de respuesta Kinista (sepa usted, contestación del pueblo al cinismo de las élites), como tampoco lo es ilustrarles sobre el carácter del fetiche político en su proceder. Pero por lo anterior, ya habrá dado cuenta usted de que ha sido mal informado.

Pensemos en este problema (el nuestros desaparecidos) como una nube que se instala sobre un enorme cementerio y que al oscurecer, no nos permite ver un camino a la salida y comenzamos a confundir los rostros de nuestros hermanos y compañeros con figuraciones fantasmagóricas y terroríficas. ¿Entonces de qué estamos hablando? Es ante todo un tema que desde sus orígenes está instalado en la percepción del futuro, en la Utopía colectiva. Imaginemos un país al que su presente continuo, marcado por el modelo de impunidad y todo lo que lo acompaña, contamina de manera constante sus sueños diurnos y en este acontecer nuestra esperanza se desvanece; ahora nombrémosle México.

Las opciones que se presentan para trasformar a México son diversas. Por un lado, tal como usted pretende, podría mover a México… de continente, pintar las rejas, plantar banquetas y bebederos escolares sobre las tumbas, extraer gas natural por medio de frackin y crear una catástrofe natural, adornar el cementerio y hacerlo una casa digna del más inhóspito humor negro. Llegando incluso al extremo de su pequeñito e iracundo antecesor de cambiarle de nombre.

La segunda opción para crear un movimiento verdadero y el camino más difícil de los dos es aceptar la realidad, asimilarla e inducir el cambio verdadero por medio de la solidaridad, la transparencia, la rendición de cuentas y la inclusión de la sociedad civil en un nuevo proceso de gubernamentalidad que rebasa el protagonismo del Estado. El reto consistirá en pensar diversas soluciones a mediano y largo plazo, (fuera del orden de su capital político claro está), para aclarar los vehículos para la culminación del éxodo del futuro de la sociedad mexicana. Durante este proceso, es necesario que hagamos de nuestro conocimiento los síntomas de nuestras más ilusas fantasías del poder que son las que nos han llevado hasta aquí y las que ensombrecen nuestro panorama psico-político y psico-social. Solo a partir de este punto podremos construir respuestas plausibles.

Mi conciencia ciudadana, me compromete, en todo momento, a perseguir la revelación de la verdad como parte de una responsabilidad patriótica y sin ningún tipo de preferencia partidista. Los temas de los desaparecidos y de la lucha estudiantil han estado presentes durante décadas. Desde hace tres años ya, incluso antes del principio del movimiento #Yo soy 132, he venido expresado mi más sincera consternación por el campo de la actividad política estudiantil, por el respeto a la pluralidad de la conciencia y por la defensa de la dignidad humana. Me ha preocupado, particularmente, la falta de conexión de su propuesta política  en su interés por incluir a las corrientes más críticas de la sociedad, lo que atiende claramente a una deformación en su interpretación de lo que compone a una sociedad como resultado de una carga histórica insostenible para la vieja escuela. Aquella y ante la cual, la mayoría de los mexicanos, proponemos una inevitable ruptura.

El objeto de esta misiva es el mismo de aquel entonces. Todo este tiempo, he buscado la posibilidad de acercarme a ustedes para ofrecerles un análisis objetivamente crítico de la sociedad como una forma de anticipación a un universo de problemas que degradan la calidad democrática en el país y los cuales requieren de una mayor participación ciudadana. Lamentablemente, más allá de la cortesía no he recibido ningún tipo de respuesta que me permitiera facilitarles caminos, metodologías, conceptos de análisis y respuestas sobre problemáticas que he venido insistiendo como reales. En su lugar, solo he encontrado obstrucciones a mi derecho ciudadano a participar en el diseño de nuestra sociedad.

El presente panorama político es poco esclarecedor y las cosas podrían agravar mucho si los actores que componemos esta compleja sociedad no actuamos de manera, inmediata y solidaria a la altura de estas desgarradoras circunstancias. Les invito de manera urgente, ¡hoy más que nunca!, a que tomen en serio este tipo de preocupaciones legítimas en el mayor interés de nuestra amada República. Aprecien nuevos talentos que les brinden perspectivas más dinámicas como una manera de introducir la auto-crítica y la reflexión sobre su accionar y su gestión política. Las posiciones y los recursos que han incorporado a su equipo de trabajo parecen no ser suficientes, y en muchos casos, no estar a la altura de un mandato digno. Otros han abandonado su equipo ya por conflictos de intereses públicos y privados que comprometen la integridad de la gestión de su administración. Estoy seguro de que todos los mexicanos deseamos que esta administración, como instancia representante de las más altas virtudes ciudadanas, goce de una mayor credibilidad, siempre y cuando esta sea determinada por su capacidad de respuesta y su eficiencia para amortiguar los problemas que aquejan a la sociedad en su conjunto.

Con todo lo que mi humilde amistad puede representar para usted y a los funcionarios públicos que completan su unidad, les invito  de manera amorosa a que  abandonemos la soberbia, el orgullo y la vanidad política y que en su lugar, nos entreguemos a construir las bases de una sociedad digna y prometedora. Busquemos juntos nuevas formas de articularnos políticamente y de vernos representados. Consolidemos el sueño de una pluralidad mexicana sustentado en la equidad y el aprecio por el valor humano; afirmado en nuestra realidad material y cultural por medio de la auto-crítica de nuestras gestiones políticas y de la inclusión de nuevos actores. ¡Es tiempo de un nuevo contrato social!

No puedo decir que #Yamecansé pero si decirles de manera muy respetuosa que estoy hastiado #Hastalamadre, (disculpe usted tan vulgar expresión), de tanta incapacidad y de tan abigarrada impunidad que durante los últimos años hemos permitido al punto de llegar a esto. No es mi intención imputarle culpa alguna, la culpa la tenemos todos, pero su investidura como autoridad y la potestad delegada en ella, le responsabilizan de manera directa a crear y sostener una diligencia efectiva, razonable y creíble para todos los mexicanos. Con todo y esto, me manifiesto abiertamente como una persona que quiere depositar su confianza en nuestros representantes, en nuestros gobernantes y en nuestras instituciones, al igual que en toda la sociedad, por una última vez. Espero, que ahora sí, no me decepcionen y como decimos vulgarmente: ¡no la rieguen! Yo me incluyo.

También, aunque por última vez, le ofrezco mis más notables talentos  para trabajar al servicio de nuestro amado México desde las trincheras de la verdad y la dignidad.

Quedo de usted a sus apreciables órdenes y le pido que no tome el objeto de esta carta como algo personal, pues es mi conciencia la que se manifiesta en pleno derecho al ejercicio de mi libertad de expresión.  Anticipo que en ello reconozco su infranqueable tolerancia al desacuerdo como una práctica constitutiva de la política que debe de mediarse en todo momento por las vías del respeto y de la concordia.

P.D.: Como muestra de mi amistad le dedico un cuento

Por siempre, su amigo,

Xaus Kahal

δῶς μοι πᾶ στῶ καὶ τὰν γᾶν κινάσω

México D.F. a 20 de noviembre de 2014

Anuncios

Quiero conocer tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s