# A la muerte de Pagliacci [6]

# 6-Tragedia y lucha

El ser del hombre no brota del logos, sino de la risa. ¿Dónde ríe el hombre? En un océano metafísico hasta sofocarse.

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Pagliacci fue una historia viva contada entre los sobrevivientes de Birkenau. La sombra indivisible de la esperanza. 

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El conclave de los artistas del hambre. Los relatos más genuinos y duraderos son los que se transmiten sin palabras, entre risas. Entre los halos de las risas las cosas entran al ser, les degusta, les mastica, les digiere, les procesa y les desecha.

En un mundo como el nuestro la risa siempre está fuera de lugar. En la modernidad la verdadera felicidad es una excrecencia.

Reír es vivir, sufrir existir.

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La historia jovial. Pagliacci fue un neonato super dotado de demasiada humanidad. Su florecimiento fue espectacular. Al año tenía la apariencia de un niño de 7 años y la madurez de un hombre de 50. El loto que nunca marchita.

La rueda que gira en medio del fin del mundo. El recuerdo de un niño. Todo gira en torno a él. El sirviente ingrato de los altos mandos del campo. Entretiene con acrobacias, comiendo entre los perros, engalana las noches especiales con desplantes musicales sobre el piano del comandante Liebenhenschel. Pagliacci habitó tres mundos: el Umwelt animal, el mundo del hombre y la ensoñación artística sin pertenecer a alguno. ¿No es esto digno de un dios?

Las manos alegres del músico se escurren en el piano como gotas de agua. El llanto de Dionisio se eleva entre notas sobre un universo de cabezas negras. 

La vía láctea es musical. Si en cada cabeza habita un mundo muchas cabezas forman un universo. La música es su centro de gravedad.

Cuando Pagliacci interpretaba a Mahler frenéticamente, sus notas azules inflamaban las fantasías de los seres más pobres y de los más poderosos. Todos entregados al dolor universal de Pagliacci se ejercitaron en creer. Nietzsche lo supo: primero la práctica, la fe llegará despúes.

Resonancias. En los campos de Birkenau se escuchó a Mahler, un judío. En Tel-Aviv en 1981, por primera vez, fragmentos de Tristan e Isolde, Wagner un antisemita. El arte es una excrecencia, algo fuera de lugar.

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La música y la revolución. Un átomo que vibra, una partícula que se rebela contra su condición por efecto de resonancia. Si la música es por definición revolucionaria. El origen de toda revolución es musical. Así, la creación es siempre un acto de resistencia. 

La contradicción. Desde afuera hay algo que le mueve y resuena en su interior. Dyonisos, el impulso a lo universal que se resiste a la individuación apolinea. En la música los seres nos amamos y nos reconocemos como parte de un placer originario. Nietzsche asentó una verdad a medias. Por dentro, el átomo que vibra expresa su identidad por medio del sonido. Un impulso individual que desemboca en lo universal. Por fuera, todo es resonancia e intercambio.

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En la tragedia se da la unificación de lo viviente. La risa une lo viviente. Por lo tanto toda risa es trágica.

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