Último héroe

Érase una vez un tiempo que nunca fue día, que no conoció el potente resplandor de Ra por la mañana, en que la luna emergió en el lugar del sol naciente. El nuevo pacto anunció su salida, no más por el Oriente, sino por el árido camino de Occidente. Púrpura era la luna, como la sangre del sacrificio que ha perdido su frescura donde la inocencia de vivir es sólo una impronta de aquel eco distante que rebota, entre sueños, sobre las paredes del recuerdo…

En el Occidente, una juventud embriagada, expectante, celebra agitada, nerviosa, angustiada la escena de este acontecimiento sobre las arenas de las playas de Creta… entre los hombres ya no hay más lugar para la razón.

Entre tanto, un pequeño hombre, que en otro tiempo perteneció a la extinta estirpe del filósofo, camina atraído por el clamor de la espuma brotante que en su roce con el viento que gime al oído la cifra de una era antigua. El hombre, cada vez más diminuto y fugaz a la mirada del otro, se interna en la mar y desciende en el abismo oceánico preguntando entre las aguas y su mítica fauna por el paradero del sol. Preguntó a la tortuga, conversó con la ballena, escuchó a la sirena…

No se supo más de él y pasaron los días, los años y las generaciones hasta que un día, nuevamente, emergió el sol desde el oriente anunciando un nuevo tiempo… Hoy el hombre es recordado como el último hombre, el último héroe.

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