Category Archives: Alucinaciones

# Cartas entre familia

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Querido padre:

Desolado, sin amantes que me sulfuren en sus corazones, sin hijos que me atesoren en sus memorias, sin esperanza alguna que me aguarde; una vela enciende tu extinta presencia en mi imaginación. Incrustado como una esquirla de vida raquítica pero punzante, cohabitas en mi interior en contra de toda voluntad consciente. No me queda más que reconocer en ti, padre, la insuperable lealtad de tu compañía imaginaria que, por ingrata e injusta que me parezca, es el único remanente de humanidad. Ya no hay más mujer, hombre o niño en mi proximidad, ya no hay más presencia, todo es ausencia.

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# El Artista: la insuficiencia

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En plena aventura desde la serenidad de los cielos, la luz del oriente se postra con calidez maternal sobre una pequeña ventana. Su resplandor se contiene de toda entrada triunfal al reposar sobre carcomidos dinteles de yeso y se asoma con animosidad exploradora. Vestigios de un tiempo viejo que no conoció la grandeza cortesana anticipan la austeridad que este espacio resguarda para ella. Pero es justamente en este medio de pobreza que la luz se sabe con libertad. Es dominada por un deseo de posesión tan puro que no conoce la idea de la forma. Un deseo sin reserva, porque sólo hay en él el fulgor de habitar, de vivir sin reducciones. No hay frente a ella objeto que le contenga, salvo la silueta de un brazo parco recargado sobre el gastado marco que, a su contacto, no presenta resistencia a la delicada caricia solar.

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# Jagüeyes

Dark Three

 

I

Los habitantes de la pequeña comunidad de Mejía estaban  confundidos. Habían conocido el miedo por primera vez en más de 11 generaciones. La noticia fluía con la misma naturalidad que las aguas rápidas e intempestivas de los ríos colorados que partían, justo a la mitad, a esta congregación de hombres ariscos y violentos, de la inocencia del mundo exterior. Leer más…

# El Sueño: un diente en el espejo

Tuve un sueño desconcertante. Entré al consultorio dental del Dr. Ramón. Él mismo, en modo muy amable y sin darme ninguna otra explicación me indicó:

-¡Tiéndase sobre el suelo!

Yo muy obediente, no hice más que recostarme sobre el frío pavimento. Porque en realidad parecía más el suelo de una banqueta chilanga que un consultorio.

-¿Le quito todos de un jalón o lo prefiere de uno por uno?, ¿Con pinzas o con martillo? Me preguntó.
-Todos de una buena vez, con pinzas, pero sin anestesia que le tengo miedo a las agujas. Confirmé. Leer más…