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El deseo en los tiempos de la sana distancia

«Y los que viven juntos toda su vida son individuos que ni siquiera podrán decir que quieren obtener en uno del otro» (Platón, Fedón, 192c-d).

1-Dos niños se observan al pie de los portones blancos.
2-Entre ellos se interpone no el espacio humano, sí la distancia que clausura la cercanía.
3-El varón agita una rama y golpea el piso repetidamente. A la distancia ondea la mano, amedrenta, acusa, señala.
4-Del otro lado, la niña risueña le responde con brinco y maroma. Le imita, saca la lengua.
5-Súbitamente aparece una hermosa muchacha. Se descubre los pechos y camina en círculos, repetidamente, entre los dos.
6-Esta provocación despierta la imaginación de los dos atónitos. Emerge el deseo, se inaugura el espacio entre la política y el arte. ¿Qué quiere el otro de mi?

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# a Pagliaccio

Kokocinski, Tribuno, profeta o pagliaccio-2014

Alessandro Kokocinski, Tribuno, profeta o pagliaccio, 2014

 

Yace abotagado con su alma ensimismada.

con su peluquín en la mano al clamor de una llamarada,
la nariz que enrojece ante el olor de lo sagrado,
los rombos de su ropa forman un presente desgarrado,
una forma doblegada se asoma detrás de su sonrisa maquillada.
y esos globos que deambulan por el cuarto como universos desolados.

El fuego alumbra,
su piel corroe, la sangre corre,

¿Pues dónde vive el payaso si la vida no dio ningún derecho?
Allende donde el ser barrunta.

Xaus Kahal, ® [Derechos reservados]

# La fosa del soberano

Arnold Böcklin: Die Toteninsel (1833) Tercera versión

Arnold Böcklin: Die Toteninsel (1833) Tercera versión

Hay sobre un mundo plano un cementerio gigante. Es redondo, y desolado. Su nombre ya nadie recuerda… Alguna vez fue patria. Su forma es desfigurada por las complejas cuadraturas de sus tumbas, unas más cuadradas que otras, que en su disposición forman un laberinto indescifrable.

Yace en su centro una enorme fosa, sobre la cual todas las demás lápidas están ordenadas al más burdo gregarismo, unas sobre otras. La desordenada formación de esta casa habitacional, a modo de encimamiento, denuncia esa mentada negación de la vida del otro. No hay confín en este cosmos, ni en el más allá, que escape al vitalismo de Tanatos. Ese laberinto no conoció la paz.

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